De vez en cuando levanta la cabeza y observa a través de las grandes cristaleras. Es casi un acto reflejo. Un sonido, alguien que pasa por la calle o el simple aburrimiento, la sacan un instante de sus pensamientos volviéndola por una fracción de segundo a la realidad.
Hoy no se ha dado cuenta de que llovía, hasta que la calle estuvo completamente mojada. No era un gran diluvio, apenas si unas gotas, pero le pareció la excusa perfecta para tratar de comenzar una conversación con la persona que en aquellos momentos tenía más cerca. Sin embargo, algo tuvo que notar en su voz, tal vez las pocas ganas de hablar, pues la conversación terminó en forma de gruñido. Gruñido que podría ser sorpresa o tal vez, simplemente, una muestra de que el mensaje había sido captado, de todas maneras quizá fuera mejor así, la lluvia nunca ha sido un gran tema de conversación.
En la calle no pasa nada, el tiempo tampoco pasa, con la mirada fija en la pantalla, esperando que sea la hora, más una hora de más que desde hace ya tiempo ha acostumbrado a sumar. Así todo tarda menos, así puede imaginar, ¿qué haría una persona que vive una hora más allá? Se ha acostumbrado a pensar con una hora de menos en una hora de más. Ya falta menos, él duerme cuando aquí aún se está despierto y cuando su despertador suena, ella aún está durmiendo, sólo es una hora, sin embargo cuando lo recuerda, parece estar mucho más lejos.
Vuelve a levantar la vista, el gran edificio de enfrente que no permite pasar la luz, las sillas vacías y alguna revista de inmobiliarias… Viviendas, afortunadamente no tiene casa, se siente tan vagabunda con el corazón en un lugar y los pies en otro… sin saber demasiado bien dónde acabará todo esto… de momento, sabe, que la jornada terminará a la 1:30 y como siempre añadirá una hora más, pues, añadir y restar horas y días se ha convertido sin darse cuenta, en un gesto mecánico, como levantar la vista.
Alguien entra en la oficina de enfrente, es alguien gris, como las puertas y las rejas oxidadas, como la fachada del edificio, que alguien decidió pintar de ese color pues, de antemano, sabía, sería el color que finalmente tomaría la pared. Gris como las nubes y la escasa lluvia de hoy, como el humo de ese autobús que no puede ver, y es que desde esas grandes cristaleras, sólo puede ver aquello que no tiene color… no muy lejos alguien canta “I watch you when you sleep, even when you’re not there”





