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La vida misma

“Esa escena me pareció terrorífica, la vi cuando era una niña…”

Me tumbo a tu lado ruedo un poquito sobre mi misma y paso mi mano sobre tu pecho, me gusta tu torso, es cálido y suave, acariciarlo te hace más real, más alcanzable…Hoy estoy algo juguetona, juego un poco antes de darte un beso.

-Cuéntame de que va la película.

– ¿La saga completa?

– Sí, cuéntame la historia…

Tu hablas y hablas, yo te interrumpo, hoy estoy juguetona a veces sólo pregunto. Quiero saberlo todo. Todo de ti, todo lo que te gusta y lo que te disgusta, todo lo que has querido y todo lo que has perdido. Quiero ser capaz de imagina que es lo que han vi

sto esos ojos en los que ahora me reflejo.

Charlamos y charlamos, hay tantas cosas que contar… sonrío y tonteo un poco, jugueteo con mis dedos sobre tu barriga, te tiro del pelo… me besas, sabes que te estoy escuchando.

“Eres maravillosa”…

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si amanece

A través de la cristalera entra la luz de la calle, es difícil saber si es de día o si ha caído la noche. Despierto y veo que sigues durmiendo, no quiero estar despierta si tú no vas a estar conmigo. Cierro los ojos y caigo otra vez en un profundo sueño.

Es una habitación bonita y hemos esparcido trozos de nosotros por todas partes, aquí y allá, miles de objetos se mezclan en un desorden sin sentido. Teléfonos, música, bolsas, medicinas, alimentos, todo aderezado con ropa y calcetines y zapatos, zapatos rotos, planos, con o sin tacón, zapatos por todas partes.

Estás de espalda. Hay pocas cosas mejores que dormir junto a ti, se equivocaron las canciones de amor, se equivocaron los poetas. Dormir sintiendo el calor de tu abrazo y despertar en tus ojos… hay pocas cosas que describan mejor el amor.

Sé que te vas, otra vez, te vas. Se acabaron las noches a tu lado, tenemos que separarnos. Ya no me duelen tanto las despedidas, ahora sólo me duele tu ausencia.

En ocasiones amanece, pero el sol no aparece en el horizonte…y es inutil pedirte que te quedes

El despertar

Despierto, no sé exactamente qué hora es, tampoco recuerdo dónde he dejado el móvil y no me atrevo a moverme para no despertarlo, además, en esta habitación todo es desconocido y aunque el alba empieza a colarse, curiosa, por la ventana, no se ve lo suficiente… ¿Por qué tendré esa estúpida costumbre de no usar reloj?, un reloj puede resultar necesario en ocasiones como esta. Recuerdo el último reloj que tuve, me lo regalaron cuando tenía 10 años, entonces el tiempo pasaba mucho más despacio, los veranos eran amables y apenas despuntaba en mi mirada estos signos de melancolía.

Lo miro, duerme. Durmiendo resulta tan frío, pienso que perfectamente pudiera estar muerto. Duerme y me asusta pensar que me olvide en sus sueños, no puedo controlarlos y sé, que ahora, soy tan ajena a él como esta habitación. Decido seguir contemplándolo, pero mejor dejo de hacerlo a través del miedo, todo es tan confuso, cuando duerme está tan lejos. De lado, con la cabeza apoyada sobre su mano derecha. Es zurdo, siempre me han gustado los zurdos, es lo primero en lo que me fijo al conocer a un hombre. De pronto deseo tanto meterme en la cama con él que el corazón se me encabrita, no es una posibilidad, es algo mucho más fuerte, me exige que vaya a su cama. Es allí donde he de estar, quizá, si estoy a su lado deje de parecerme tan frío. Sin embargo no lo hago, quizá él no quiera, es difícil saber qué quiere alguien que está soñando… cierro los ojos, pronto amanecerá.

Cuando vuelvo a abrirlos me parece que no ha pasado el tiempo, la misma luz que se cuela por la ventana, la misma postura, la misma indiferencia, sólo los ruidos que se oyen a través del patio de luces indican que algo ha cambiado… Me levanto, me coloco un poco el pijama, los pechos y me meto en su cama.

-Vaya, me has asustado.

-Lo siento, pero quería estar a tu lado.

No parece demasiado contento, quizá espero mucho de él, siempre he sido una romántica. Y ya que lo he despertado… ¿qué hacemos?

Me meto en la ducha, el pelo aún me huele a humo y antro, a gente, a alcohol a música y a pies cansados. Dejo que el agua corra por mi piel, se está bien en esta ducha, se está bien en esta habitación, sí, sencillamente, se está bien… Decido secarme el pelo, este pelo con voluntad propia que parece burlarse de mis intentos por meterlo a camino. No, yo nunca seré una de esas chicas con flequillo y melenas espectaculares, lo doy por imposible, lo aplasto un poco, me visto y salgo.

Mientras el se ducha yo husmeo un poco, abro el armario, y huelo su abrigo, me hundo en él para empaparme de su olor, para llevarlo siempre conmigo. Empieza a cantar, no es una gran voz, la canción tampoco es bonita, pero entonces hace algo que me deja clavada al suelo, silba, silba y lo hace maravillosamente. Silbar es una de esas cosas que no admiten término medio, o se silba bien,o se silba mal, no se puede silbar medianamente bien… Silba una canción melancólica, de uno de mis cantantes favoritos. Sí, parece que ya no queda más salida, es la canción adecuada… Al fin sale de la ducha sonriente, vuelve a estar vivo y quizá, despierto si piense en mí.

- Eres maravillosa – me dice

Vuelvo a sonreír, vaya, parece ser que definitivamente vas a romperme el corazón.

Marea Humana

La calle tiembla bajo nuestros pies, por todas partes aparecen ríos de gente, gente que va y viene, gente de todo tipo, todo tipo de gente.

Allí nosotros, tan pequeños, temiendo cualquier tipo de roce, pues aún no sabemos si rozarnos está permitido. Hay colas para hacer cualquier cosa y la ciudad permanece dormida a pesar del ruido. Apenas si puedo apreciar nada, parece que llueve y no me he puestos las gafas, los edificios se alzan borrosos ante mis ojos miopes, puede que sea una ciudad hermosa, y en sus calles hay tanta gente deseando hacer algo…Decidimos sumergirnos con ellos, buscamos algún lugar, pero sólo conseguimos perdernos, perdidos. Llueve y los mapas nunca son suficientes… lo observo sonriendo al verlo desesperado por conseguir encontrarse sin darse cuenta de que ya nos hemos encontrado, yo río, nos besamos, hemos venido hasta aquí para esto, para no ser nadie, para no hacer nada, hemos venido a un reencuentro en un lugar sin nombre a espaldas de todos, no estamos perdidos, estamos juntos. Y juntos seguimos caminando sin rumbo fijo, tratando de mezclarnos con la muchedumbre, a pesar de saber que ésta, nunca llegará a aceptarnos, aquí ya no queda sitio para nadie…

Y cuando creemos que ya no queda más noche, que no hay márgenes a los que huir y los besos que hemos dado no bastan para saciarnos; decidimos que ya es hora de volver a ese lugar de confesiones y risas, de silencios y mentiras, ya es hora de regresar a casa, a oscuras y en silencio nos espera el hostal. Abrimos la puerta y recorremos el pasillo hasta que ya no queda más camino por andar, allí al final, nuestra puerta. Las camas nos esperan, ansiosas por saber qué es lo que va a pasar yo ya sé desde hace tiempo lo que va a ocurrir. Allí en mi cama, espero a que salga para contárselo, sale del baño, aún vestido, parece ser que no utiliza pijama y me mira con sus ojos tristes, ahora desamparados que me ruegan que lo siga hasta su cama… es duro mantener la mirada ante unos ojos que hablan, que cuentan tantas cosas, algunas de ellas inventadas, es duro y difícil dejar de mirarlos. Sonríe, sonrío… Dulces sueños pues

 

La vuelta

La ciudad parece amenazante, nos acecha mientras volvemos al hostal, la gente tiene prisa, corre por las aceras, los coches no frenan y los semáforos nos invitan a pasar con sus zumbidos. Aquí y allá todos tienen algo que hacer, nosotros mientras, ajenos a todos, deambulamos con nuestras personalidades cambiadas cómplices de un plan donde en juego no hay nada, pero que puede romper nuestros corazones como la peor de las balas.

El cansancio se asoma a tus ojos, también tus manos parecen cansadas, a veces sonríes, normalmente hablas, pero no, nada es natural… el asfalto nos envuelve y también la frialdad de dos personas perdidas, náufragos sin rumbo en esta gran ciudad.

Llegamos al hostal, mejor subir las escaleras, el ascensor es un absurdo cuando se trata de un primer piso, las llaves deciden no encajar con la cerradura y al final, tras la puerta aparece la gallega, que nos mira con cara de reproche, (sí, somos una extraña pareja, pero aún no lo suficiente) En la habitación nos espera la tele y un ventilador, me quito los zapatos, descalza el mundo es de otro color.

Despiertas, no sé si llegaste a dormir, no recuerdo si yo cerré los ojos, pero ahora estamos despiertos, en la tele una rubita nos canta una canción de amor, parece que nos mira curiosa… no sabe que, en unos instantes nos cogeremos de la mano, haciendo más grande el hueco que separa nuestras camas… no sabe que en breve me atreveré a besarte…

Ahora, sí, ahora es cuando todo se vuelve extraño, aún es temprano, esta noche nos espera la calle, quizá, entre beso y beso dejemos de ser dos extraños.

 

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