Despierto, no sé exactamente qué hora es, tampoco recuerdo dónde he dejado el móvil y no me atrevo a moverme para no despertarlo, además, en esta habitación todo es desconocido y aunque el alba empieza a colarse, curiosa, por la ventana, no se ve lo suficiente… ¿Por qué tendré esa estúpida costumbre de no usar reloj?, un reloj puede resultar necesario en ocasiones como esta. Recuerdo el último reloj que tuve, me lo regalaron cuando tenía 10 años, entonces el tiempo pasaba mucho más despacio, los veranos eran amables y apenas despuntaba en mi mirada estos signos de melancolía.
Lo miro, duerme. Durmiendo resulta tan frío, pienso que perfectamente pudiera estar muerto. Duerme y me asusta pensar que me olvide en sus sueños, no puedo controlarlos y sé, que ahora, soy tan ajena a él como esta habitación. Decido seguir contemplándolo, pero mejor dejo de hacerlo a través del miedo, todo es tan confuso, cuando duerme está tan lejos. De lado, con la cabeza apoyada sobre su mano derecha. Es zurdo, siempre me han gustado los zurdos, es lo primero en lo que me fijo al conocer a un hombre. De pronto deseo tanto meterme en la cama con él que el corazón se me encabrita, no es una posibilidad, es algo mucho más fuerte, me exige que vaya a su cama. Es allí donde he de estar, quizá, si estoy a su lado deje de parecerme tan frío. Sin embargo no lo hago, quizá él no quiera, es difícil saber qué quiere alguien que está soñando… cierro los ojos, pronto amanecerá.
Cuando vuelvo a abrirlos me parece que no ha pasado el tiempo, la misma luz que se cuela por la ventana, la misma postura, la misma indiferencia, sólo los ruidos que se oyen a través del patio de luces indican que algo ha cambiado… Me levanto, me coloco un poco el pijama, los pechos y me meto en su cama.
-Vaya, me has asustado.
-Lo siento, pero quería estar a tu lado.
No parece demasiado contento, quizá espero mucho de él, siempre he sido una romántica. Y ya que lo he despertado… ¿qué hacemos?
Me meto en la ducha, el pelo aún me huele a humo y antro, a gente, a alcohol a música y a pies cansados. Dejo que el agua corra por mi piel, se está bien en esta ducha, se está bien en esta habitación, sí, sencillamente, se está bien… Decido secarme el pelo, este pelo con voluntad propia que parece burlarse de mis intentos por meterlo a camino. No, yo nunca seré una de esas chicas con flequillo y melenas espectaculares, lo doy por imposible, lo aplasto un poco, me visto y salgo.
Mientras el se ducha yo husmeo un poco, abro el armario, y huelo su abrigo, me hundo en él para empaparme de su olor, para llevarlo siempre conmigo. Empieza a cantar, no es una gran voz, la canción tampoco es bonita, pero entonces hace algo que me deja clavada al suelo, silba, silba y lo hace maravillosamente. Silbar es una de esas cosas que no admiten término medio, o se silba bien,o se silba mal, no se puede silbar medianamente bien… Silba una canción melancólica, de uno de mis cantantes favoritos. Sí, parece que ya no queda más salida, es la canción adecuada… Al fin sale de la ducha sonriente, vuelve a estar vivo y quizá, despierto si piense en mí.
- Eres maravillosa – me dice
Vuelvo a sonreír, vaya, parece ser que definitivamente vas a romperme el corazón.
